Ejercicio aeróbico y anaeróbico en diabetes: cómo influye cada disciplina en la glucemia

Mujer tomando agua en un parque sentada en un banco público, después de hacer ejercicio

El ejercicio físico es uno de los pilares fundamentales en la gestión global de la diabetes, junto con la alimentación, el tratamiento farmacológico y la educación diabetológica. Sin embargo, muchas personas observan con perplejidad cómo los niveles de glucosa en sangre reaccionan de manera completamente distinta según la disciplina practicada: mientras que una caminata a ritmo continuo puede provocar una bajada progresiva de la glucemia, una sesión intensa de pesas o un entrenamiento de intervalos puede mantenerla estable o incluso elevarla de forma transitoria (American Diabetes Association, 2024).

Entender los mecanismos fisiológicos que regulan la respuesta glucémica según el tipo de esfuerzo es esencial para planificar la actividad deportiva con seguridad, evitar hipoglucemias imprevistas y adaptar la pauta con confianza.

Respuesta glucémica en el ejercicio aeróbico o de resistencia

El ejercicio aeróbico comprende actividades de intensidad moderada y duración prolongada en las que predomina el metabolismo del oxígeno, como nadar, montar en bicicleta, caminar a paso ligero o correr a ritmo constante.

Durante este tipo de esfuerzo, los músculos esqueléticos consumen glucosa a un ritmo elevado para obtener energía. La contracción muscular continuada estimula la translocación de los transportadores de glucosa GLUT4 hacia la membrana celular de forma independiente de la insulina, incrementando la captación de glucosa por parte del músculo (Riddell et al., 2017).

Al mismo tiempo, la sensibilidad a la insulina aumenta de forma notable tanto durante la actividad como en las horas posteriores. Por esta razón, en actividades aeróbicas continuadas predomina un efecto hipoglucemiante, siendo frecuente observar una tendencia descendente de la glucosa en sangre durante y al finalizar el ejercicio.

Respuesta glucémica en el ejercicio anaeróbico o de fuerza

Por el contrario, el ejercicio anaeróbico abarca actividades de corta duración e intensidad elevada en las que el aporte de oxígeno no es el factor limitante inmediato. Ejemplos claros son el entrenamiento con pesas, los ejercicios de fuerza con el propio peso corporal, los sprints repetidos o las disciplinas de alta intensidad por intervalos (HIIT).

En estas disciplinas, el organismo experimenta una situación de estrés fisiológico agudo que desencadena la liberación de hormonas contrarreguladoras, como la adrenalina, la noradrenalina, el glucagón y el cortisol. Estas hormonas estimulan intensamente la glucogenólisis hepática (la transformación del glucógeno almacenado en el hígado en glucosa libre) y la gluconeogénesis (Galassetti & Riddell, 2013).

Si la producción de glucosa por parte del hígado supera la velocidad a la que el músculo la consume, la concentración de glucosa en el torrente sanguíneo aumenta, pudiendo generar un pico hiperglucémico transitorio durante o inmediatamente después del entrenamiento.

El impacto de las sesiones mixtas y el orden del entrenamiento

Muchas rutinas deportivas combinan ambos componentes, como ocurre en los deportes de equipo (fútbol, baloncesto, pádel) o en las sesiones de gimnasio donde se realiza trabajo de fuerza y cardio en la misma jornada.

El orden en el que se realizan ambos tipos de ejercicio influye de manera determinante en el perfil de glucemia:

  1. Comenzar con ejercicio aeróbico y finalizar con fuerza: Suele acentuar el descenso inicial de la glucosa durante la primera fase y atenuar la subida posterior.
  2. Comenzar con ejercicio de fuerza y finalizar con aeróbico: Ayuda a estabilizar la curva glucémica, ya que el incremento inicial de glucosa estimulado por la fuerza compensa la posterior caída asociada al trabajo aeróbico de resistencia.

Efectos posteriores al ejercicio: la ventana de recuperación

El impacto de la actividad física sobre la glucemia no finaliza al concluir la sesión. Tras el entrenamiento, el organismo inicia el proceso de reposición de los depósitos de glucógeno muscular y hepático gastados. Este fenómeno incrementa la sensibilidad a la insulina durante un periodo que puede prolongarse entre 12 y 24 horas, dependiendo de la intensidad y duración del esfuerzo.

Es fundamental prestar especial atención al periodo nocturno posterior a sesiones intensas o prolongadas, ya que aumenta el riesgo de sufrir hipoglucemias tardías mientras se duerme.

Pautas generales para una planificación segura

Para integrar el deporte en la rutina diaria garantizando la seguridad glucémica, conviene poner en práctica una serie de recomendaciones generales:

  • Registro y observación personal: Monitorizar la glucemia antes, durante y después del ejercicio permite identificar patrones individuales de respuesta ante distintas disciplinas.
  • Gestión de suplementación e hidratos: Disponer de carbohidratos de absorción rápida para corregir eventuales bajadas y planificar ingestas previas al esfuerzo según la cifra de inicio.
  • Valoración continua con el equipo sanitario: Ajustar las dosis de insulina basal o bolus y consultar cualquier modificación de pautas con el profesional de educación diabetológica.
  • Consulta de recursos de referencia: Revisar la Guía de Diabetes y Deporte disponible en nuestro portal para profundizar en estrategias específicas por modalidad deportiva.

Guía práctica de actividad física y diabetes

 

EN POCAS PALABRAS

El tipo de ejercicio condiciona la respuesta de la glucemia: las actividades aeróbicas tienden a bajar la glucosa mientras que las anaeróbicas o de fuerza pueden elevarla transitoriamente por acción hormonal. Conocer estas diferencias ayuda a planificar las sesiones de forma segura y ajustar las pautas siempre en coordinación con el equipo sanitario.

PREGUNTAS FRECUENTES

¿Por qué me sube el azúcar al hacer pesas o ejercicios intensos?

Durante el ejercicio anaeróbico o de alta intensidad, el cuerpo libera hormonas como la adrenalina y el cortisol. Estas hormonas hacen que el hígado libere glucosa a la sangre más rápido de lo que los músculos la consumen, generando una subida temporal de la glucemia.

¿Es mejor hacer cardio antes o después del entrenamiento de fuerza?

Hacer el entrenamiento de fuerza antes de la actividad aeróbica suele ayudar a mantener la glucemia más estable durante toda la sesión, ya que la tendencia al ascenso del trabajo de fuerza compensa la posterior caída del ejercicio aeróbico.

¿Por qué se producen bajadas de azúcar muchas horas después de hacer deporte?

Después de entrenar, los músculos reponen sus reservas de glucógeno utilizando glucosa de la sangre. Esta recuperación aumenta la sensibilidad a la insulina hasta 24 horas después, elevando el riesgo de hipoglucemias tardías, especialmente por la noche.

¿Debo tomar carbohidratos antes de hacer cualquier tipo de ejercicio?

Depende de la cifra de glucemia inicial, de la insulina circulante y del tipo de ejercicio. En actividades aeróbicas prolongadas suele ser necesario tomar un tentempié preventivo, mientras que en sesiones breves de fuerza puede no requerirse. Es una pauta que debe personalizarse con el educador en diabetes.

Referencias y contenidos relacionados

Compartir artículo

La información proporcionada en este artículo no reemplaza la relación entre el profesional sanitario y su paciente. En caso de duda, consulte siempre a su profesional sanitario de referencia.